Archivo de la categoría: emigración

POLVO DE LIBROS RESEÑA EL GUACAMAYO ROJO

Ángela León reseña El guacamayo rojo en su blog POLVO DE LIBROS. Gracias por su análisis crítico, que ayuda a seguir avanzando en este camino.

Aquí tenéis el enlace

http://polvodelibros.blogspot.com.es/2015/10/el-guacamayo-rojo.html?showComment=1445685292429#c5973788702144130429

ENTREVISTA EN EL BLOG UN LECTOR INDISCRETO

Os adjunto la entrevista aparecida en el prestigioso blog “Un lector indiscreto” realizada por Francisco Jesús Portela León. Muchas gracias

http://unlectorindiscreto.blogspot.com.es/2015/01/entrevista-manuel-machuca-autor-de-el.html?spref=tw

PRESENTACIÓN DE ANA SÁNCHEZ EN UTRERA

ANA SANCHEZEl 4 de diciembre Ana Sánchez, escritora y periodista utrerana, me presentó en la Casa de la Cultura de la ciudad. Fue algo muy emocionante para mí lo que dijo y no quiero de dejar de compartirlo con todos. Aquí os adjunto su texto. Le agradezco muchísimo su generosidad

La Feria del Libro del pasado año fue muy especial para mí y no solo porque me estrenaba como escritora sino también por ofrecerme la oportunidad de conocer a Manuel Machuca. Ya me habían hablado, muy bien por cierto, de su primera novela “Aquel viernes de julio” que presentó en el transcurso de la Feria del Libro de 2013 en este mismo lugar, y asistí para adquirirla e ilusionada por comenzar su lectura lo antes posible. Y me alegro de haber asistido pues no solo tuve la posibilidad de comprobar su calidad como escritor sino lo interesante que me resultó toda su trayectoria personal y profesional. Ese breve encuentro es el que me ha traído hoy aquí. Hace unas semanas recibí un mensaje de Manuel en el que me pedía que hoy lo acompañase y me encargara de hacer la presentación de su segunda novela “El guacamayo rojo”. Confieso que es todo un honor acompañarte en este importante día para ti y aprovecho para darte las gracias por contar conmigo.

Pues desde ese día que Manuel me propuso presentarle esta noche me puse a recabar información sobre el autor y su obra. Descubrí a una persona muy interesante y polifacética. Su amplio Curriculum Vitae es tan extenso que si me decidía por leerlo restaría tiempo al verdadero protagonista y aburriría al público no porque este no sea apasionante sino por la cantidad de fechas y actividades que tenía que referirles. Tan interesante es que les invito a conocerlo en la web dedicada a la novela “El guacamayo rojo” que es la que hoy nos trae aquí: www.guacamayorojo.es o que lo hagan, como dice en su presentación en esta misma página: “tomando una cerveza o dos

Decidí entonces, ejercer de periodista, tomando notas de dicho curriculum, hablando con algunas personas que le conocen, navegando por su biografía y realizándole algunas preguntas para poder, así, conocerlo mejor.

Manuel Machuca es sevillano de nacimiento y ciudadano del mundo, aunque su residencia, actualmente, esté en Sevilla, pero ya verán ustedes por qué digo esto más adelante. Es hijo de farmacéuticos, aunque, él se resistía a cursar esta carrera universitaria y seguir la tradición familiar. Aún así se matriculó en Farmacia en la Universidad de Sevilla aunque la suya sería una larga carrera ya que en ocho años solo había cursado la mitad de la misma, hasta que toma la firme decisión de ser farmacéutico y “ponerse las pilas” realizando la otra mitad en tan solo dos años, licenciándose en 1991 y obteniendo el Doctorado en Farmacia en el año 2000.

Hay dos aspectos que marcaron su vida una de ellos el deporte y, el otro su estancia como cooperante, en 1994, en la República Democrática del Congo, concretamente, en Goma. La primera de ellas, el deporte y en concreto el remo, le enseña la disciplina, “el que no haya días para trabajar y días para descansar sino objetivos por los que luchar”, como él mismo dice.

Esta experiencia le ha convertido en una persona tan disciplinada que le lleva a anotar fecha y hora de comienzo y finalización de cada novela. La segunda, su faceta de cooperante, fueron dos meses de trabajo en los campos de refugiados de la ciudad de Goma, fue “una experiencia personal y profesional inolvidable”, como Manuel la define, y que explica su sensibilidad hacia los procesos de cooperación y desarrollo llegando a ver, con el paso del tiempo, que había ayudas muy importantes para los países que nunca se quedarían en aduana alguna: la del conocimiento. Ahí nació su empeño en transmitir la Atención Farmacéutica por todo el continente latinoamericano. Donde sigue impartiendo algunos cursos y atendiendo a pacientes. Por eso les decía que es ciudadano del mundo residente en Sevilla.

Y entre viaje y viaje, Manuel seguía en su farmacia, atendiendo a sus pacientes y haciendo el seguimiento de sus tratamientos en su pequeña rebotica, investigando y trabajando en sus fórmulas magistrales, dedicando tiempo, también, a publicar artículos científicos en revistas especializadas y libros de farmacia, pero sin olvidar su querido continente latinoamericano.

Ahora les voy a hablar de Manuel Machuca escritor. Para mí que desde pequeña quería escribir y preguntaba ¿qué tenía que estudiar para ser escritora? Asociaba, siempre, este oficio a las letras y me sorprendió que una persona científica le diera por escribir novela, y le fui directa con la pregunta: ¿Decides escribir entre fórmulas magistrales, seguimientos de los tratamientos de los pacientes o en los viajes por el mundo? Su respuesta fue rotunda: Decido escribir a partir de percibir los sentimientos de mis pacientes en las consultas, eso me abre el corazón, y también la profunda conmoción que para mí supone descubrir América. Era un rumor que me removía el alma desde muchos años atrás, que solo lo plasmaba en artículos que publicaba en revistas farmacéuticas y luego en prensa”.

Se iniciaba así una nueva profesión: la de escritor. En la actualidad, Manuel Machuca, es escritor y farmacéutico, a tiempo parcial. Por las mañanas se pone a escribir estando inmerso en la que será su tercera novela, que adelanto será de temática muy interesante, y por las tardes a la farmacia de la que ahora es titular, Carmen, su esposa y madre de sus tres hijos, a la que considera su verdadero curriculum, pues como él dice “si tengo mérito alguno es haber conseguido que Carmen me aguante y me quiera”.

Manuel Machuca es una persona valiente y comprometida que me ha enseñado que ser escritor no es cuestión de ciencias o letras, sino de corazón, sensibilidad y sentimientos que los plasma en cada palabra que escribe en un folio hasta conformar una novela de 456 páginas que ha titulado “El guacamayo rojo”, su segunda inclusión en el mundo literario.

El guacamayo rojo” emprende su vuelo con la inquietud de lo que se juega, Manuel Machuca, como escritor tras la gran experiencia que supuso, y sigue suponiendo su primera obra “Aquel viernes de julio”. Nada tiene que ver esta primera con la que presentamos esta noche, “El guacamayo rojo”, aunque ambas puedan parecerse en que “son historias de un viaje profundo como es el viaje hacia el interior de las personas. No habiendo viaje más largo ni más duro que el que resulta de la búsqueda de uno mismo”, estas son palabras de su autor al referirse a ambas novelas.

El guacamayo rojo” arranca en los albores del siglo XX, y narra la historia de tres generaciones de emigrantes andaluces en Sao Paulo (Brasil), desde 1904 hasta 2011. El último día del mes de enero de 1904 desembarca en Brasil Bernardo Ortega acompañado de su mujer, Dolores, y sus cuatro hijos. Y llegan a Brasil un tanto por casualidad pues su destino iba a ser Cuba donde su primo, Hilario, le esperaba para asociarse e iniciar el cultivo de caña de azúcar pero un incidente que sucede en Málaga antes de embarcar le hace improvisar y cambiar esos pasajes que ya tenía comprados para Cuba por los de Brasil que era el primer barco que zarpaba. Así arranca “El guacamayo rojo” y la aventura de esta familia de andaluces de Adra en el continente americano. El arquitecto sevillano, Luis Guzmán, llega a Sao Paulo en noviembre de 2011 ya que la crisis económica que atraviesa España, también, sacude al estudio de arquitectura de su padre donde él trabaja. Digamos que con estos datos he descrito a los principales protagonistas de esta novela, pero quedaría incompleta si no les hablo del tío Alfonso, que es la segunda generación que se traslada hasta tierras brasileñas en la década de los cincuenta. Pero hay un personaje que destaco, por encima de todos, Gloria Rossi. Ella es, desde mi punto de vista, el nexo de unión de esa familia que abandona España para buscar un futuro mejor que a mí, personalmente, me ha cautivado. Cuando en la novela se empieza a intuir su aparición he devorado cada página con el ansia de conocer a esta señora que con 81 años aún sigue conduciendo su vehículo por las avenidas cargadas de tráfico de Sao Paulo y que sigue conservando sus dotes de mando y convicción en cada palabra que pronuncia y en la mirada de sus grandes ojos verdes. Gloria ha heredado Vila Rosa de su madre, Carmen, la hija mayor de los Ortega y que al igual que ella hiciera, la mantiene como punto de encuentro y residencia de toda la familia. “Empecé a comprender que podía bastar una semana para que alguien fuera inolvidable”, esto decía Luis Guzmán de esta mujer, pero os aseguro que solo bastan unas horas para que Gloria Rossi cautive al lector.

Manuel nos describe a la perfección Brasil, nos conduce por las avenidas principales de la capital brasileña, sus parques, los campos, las lujosas urbanizaciones, pero también por las favelas, los barrios pobres de casas casi derruidas o los puentes bajo los que se hacinan los mendigos, en definitiva, Sao Paulo, al igual que Sevilla, es una ciudad que guarda muchas ciudades.

Desde las cartas, que tardaban en llegar y que era el único medio de comunicación con España hasta la aparición de Internet, correos electrónicos, ordenadores, facebook… y no solo esta evolución sino, también, la de un país cuyo desarrollo está en manos de la inmensa cantidad de inmigrantes de todas las razas y países que habitan en él.

Nos muestra la intimidad de los personajes, las vicisitudes que pasan al llegar a un país desconocido en el que además se habla otro idioma. Las caídas y recaídas queriendo volverse a España y olvidar el sueño americano, aunque todos tienen en común el no rendirse y seguir adelante esperando tiempos mejores.

El guacamayo rojo” no les aburrirá, al contrario, les hará querer avanzar más y más en esta bella historia que utiliza la figura de un narrador para contarnos los capítulos que relatan las vivencias de los Ortega y sus descendientes, mientras que los de Luis Guzmán están contados en primera persona.

Aunque la emigración parecía un tema ya olvidado para los españoles la crisis la ha vuelto a traer a la actualidad por lo que “El guacamayo rojo” lo que nos trae es esa actual historia en nuestra sociedad de hoy en día de la que es representante su personaje, Luis Guzmán. Un homenaje a los emigrantes que fueron, son y que, si no se remedia pronto, seguirán siendo.

Por ese motivo quiero finalizar con el poema que estaba escrito en el póster que Gloria Rossi regaló a Luisinho:

Incluso cuando todo parece hundirse, me cabe a mí decidir entre reír o llorar, salir o quedarme, desistir o luchar, porque descubrí, en el camino incierto de la vida, que lo más importante es decidir.

PRESENTACIÓN DE SANTIAGO MACHUCA EN ESTEPA

ESTEPA

Os dejo en esta entrada lo que dijo Santiago Machuca en Estepa, en un acto muy entrañable que disfruté de manera muy especial. Porque hay momentos mágicos en la vida que por sí sola la justifican, o al menos,  hacen que tenga sentido atravesar su camino. Gracias, Santiago.

Buenas tardes:

Muchas gracias por acompañarnos en este acto de presentación de la novela “El Guacamayo rojo”. Para mí es una alegría estar aquí, rodeado de amigos, y poder recomendar una novela que me ha gustado mucho. Dice Jorge Luis Borges que “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”.

Se cuentan dos historias paralelas: Por una parte, la inmigración de una familia de Almería a Brasil, situada cronológicamente a principios del siglo veinte, 1904, y por otra parte la inmigración de un joven arquitecto que no encuentra trabajo en España, a Sao Paulo, fechada en nuestros días.

Se cuentan las dos historias de manera paralela, intercalándose los distintos capítulos. Para el proceso migratorio de principios de siglo, el autor utiliza la tercera persona. El estilo es muy pulcro, detallado, recuerda a las grandes novelas de aventuras de principios de siglo. Las penalidades del viaje en barco, la llegada a un nuevo mundo fascinante, las descripciones de la injusta sociedad rural, anclada todavía en la esclavitud. A mí me recuerda a novelas de Pio Baroja como “Las inquietudes de Santi Andía”, o Silvester Paradox, o las novelas de denuncia social de Zola y los escritores naturalistas.

La otra historia, la del joven arquitecto, se cuenta en primera persona, en lenguaje mucho más coloquial y directo, con gran profusión de diálogos muy bien construidos, dando credibilidad a los personajes. También se enfrenta el personaje con una sociedad injusta, con la riqueza desigualmente distribuida. El contrapunto con el que está contada cada una de las historias, los diferentes estilos narrativos, están muy bien conseguidos.

Las dos historias citadas, los dos viajes, los dos procesos migratorios, convergen y se unen, construyendo una novela de saga familiar, verdaderamente apasionante. Se caracteriza a cada generación conforme a la época que le toca vivir. En esta confluencia hay dos episodios que particularmente me gustan mucho y que encuentro muy acertados: uno es la visita al cementerio, que sirve de excusa para la reflexión y para trazar el árbol de las distintas generaciones enterradas allí, y por otra parte la visita al museo de la inmigración, que tiene el mismo sentido: reflexionar sobre el paso del tiempo, mirar al pasado desde el presente.

Son también importantes los escenarios en los que transcurre la novela. De una parte, el viaje en mar, el medio rural, el campo de Brasil de principios de siglo, las grandes plantaciones, la vida en una hacienda rural, con estructura social muy cerrada. Por otra parte, la gran metrópolis que ha crecido desmesuradamente, caótica, imponente, llena de coches y carreteras. Hay también en la novela esa reflexión sobre la deshumanización de las grandes ciudades, la sostenibilidad, la necesidad de un urbanismo que permita vertebrar una sociedad más justa, más habitable. La comunicación con Europa, las referencias comparativas, son también constantes.

La novela es amable, vitalista. Los personajes, que pasan por la difícil experiencia del exilio, la inmigración, acaban adaptándose a su nueva realidad. Las dificultades acaban superándose, la conclusión es optimista. Se puede empezar de nuevo, solo hacen falta ganas de vivir. Las relaciones entre personajes de distinta edad, de distinta generación, están llenas de humanidad.

Lo interesante de una novela es que te permita abrir ventanas a campos desconocidos. Yo no conocía nada de la literatura brasileña, a mí me ha descubierto a José Mauro de Vasconcelos- qué bonita la novela “Mi planta de naranja lima”, a Clarice Linspector, a Jorge Amado, Zelia Gattai…

Dedicarse a lo que uno verdaderamente le gusta es un acto de valentía, de libertad. Hace unos años, deslumbrados sin duda por “el amor en los tiempos del cólera”, el primo Antonio y mi amigo Antonio Nieto decidieron hacer un viaje a Cartagena de Indias. Antes de salir, Jesús Páez, que ya conocía Cartagena, les advirtió: De toda la ciudad, no vayáis a la calle de la Media Luna, es muy peligrosa. Está llena de los peores tugurios-. Cuando llegaron a Cartagena de Indias, en la primera cena, le dijo el primo Antonio a Antonio Nieto: ¿Qué, nos vamos ya para la calle de la media Luna? Eso es lo que ha hecho Manolo, entrar en los terrenos desconocidos de la creación, donde no existe la certidumbre, todo son dudas y caminos por descubrir. Pero ese es el sentido de la verdadera libertad. El proceso de la creación es muchas veces ingrato, duro, son muchas las horas de trabajo, y es mucho lo que se expone.. Las cartas de Vincent Van Gogh a su hermano Teo, las de Flauvert a Louise Colet, las de Stefan Zweig a Herman Hesse… ponen de manifiesto las dudas, los temores, las debilidades del creador. Como lector quiero agradecerte tu trabajo, he disfrutado del resultado de tu creación, por eso recomiendo a todos la lectura de tu novela.

Leer tus novelas me ha permitido conocerte mejor, tratarte más. Yo tenía el recuerdo lejano de aquellos primos que venían a Estepa muy de vez en cuando, los primos de los que la tía Asunción hablaba constantemente. Tengo también el testimonio de las cosas que en la familia cuentan de tu padre. Según mi padre, y según el tío Antonio, el tío Manolo era el más simpático de toda la familia, el más gracioso y ocurrente. Además, dicen que jugaba estupendamente al futbol. Tenemos en común a nuestros abuelos Rafael y Antonio, dos hermanos que trabajaban juntos en la Imprenta Hermoso y se llevaban muy bien. Hemos descubierto que, además de la imprenta, nos une nuestra pasión por la literatura.

Termino ya. A muchos lectores les gusta saber si un libro está basado en hechos reales o no, como si el tratarse de hechos históricos ciertos le diese un plus a la narración literaria. Termino por ello con una cita de Ángel González:

“Al lector se le llenaron los ojos de lágrimas,

y una voz cariñosa le susurró al oído:

¿por qué lloras, si todo

en ese libro es de mentira?

Y él respondió:

– Lo sé;

pero lo que yo siento es de verdad”

Ángel González

Santiago Machuca

RECETA PARA HACER PAN DE QUESO

Pan de quesoMuchos lectores españoles de El guacamayo rojo me han solicitado la receta para hacer pan de queso mineiro. Desconozco si hay muchas formas para realizarlo o cuál es la mejor. Aquí os dejo la que me envió mi amiga Tania Anacleto, brasileña y mineira, así que algo sabrá de esto. En España el problema es encontrar el polvillo para hacerlo. Lógicamente en Brasil y en Portugal es fácil de localizar en cualquier supermercado. En Sevilla hay una tienda latina en la que se puede encontrar en la Barriada del Cerezo, calle Playa de Punta Umbría, 4. También en los supermercados LIDL puede encontrarse a veces de la marca Fleischmann, pero no siempre hay.  Adjunto también una dirección de youtube en la que se puede observar cómo se hace ¡Buen provecho!

Pan de Queso

Para la masa del pan

4 vasos de polvillo

4 vasos de queso curado rayado

4 huevos

Sal al gusto (poner después de añadir el queso)

 

Para escaldar la masa

1 vaso de aceite (menos de 3 dedos)

1 vaso de leche (menos de 3 dedos)

1 vaso de agua

 

Observaciones:

*el vaso debe ser del mismo tamaño. Aquí en casa utilizamos uno de 200mL

*menos 3 dedos en horizontal

* Aquí usamos o queso canastra curado (más duro sin ser fresco )

 

Modo de hacer

  1. Añadir el polvillo en una vasija grande
  2. Añadir la leche, el agua y el aceite para hervir. Remover esta mezcla hirviendo con el polvillo y mezclar bien. La mezcla del polvillo y los líquidos debe quedar bien homogénea.
  3. Esperar a que se enfríe la masa (dejar tibia) y añadir los huevos, uno a uno mezclando bien, para que quede una masa más o menos blanda.
  4. Amasar bien hasta quedar bien homogénea.
  5. Por último añadir el queso rallado hasta dar el ponto para formar las bolitas. Si se precisa añadir un poco de leche. Añadir sal si es necesario.
  6. Hacer las bolitas.
  7. Encender el horno, esperar hasta que esté bien caliente y cocer. Cuando las bolitas comiencen a dorarse, bajar un poco la temperatura del horno.
  8. Si se prefiere no cocer, puede hacer las bolitas y congelarlas hasta 3 meses, e ir cociéndolas poco a poco. La masa también puede guardarse en frigorífico hasta 3 días.

 

 

Vea un ejemplo del modo de hacer:

 

http://www.youtube.com/watch?v=brLRkCqbsuE

ADIVINA QUIEN LEE: UNA NOVELA SENCILLAMENTE GENIAL

HOTEL UNIQUE

Adjunto el enlace  de una nueva reseña sobre El guacamayo rojo. Gracias por tan buena crítica para el blog ADIVINA QUIEN LEE. Os dejo una foto de la terraza del Hotel Unique de Sao Paulo, que aparece en la novela

http://adivinaquienlee.blogspot.com.es/2014/07/el-guacamayo-rojo-manuel-machuca.html

PRESENTACIÓN DE EL GUACAMAYO ROJO. ALEJANDRO MEJÍAS- LÓPEZ

Adjunto las palabras de Alejandro Mejías- López, que me hizo el honor de participar en la presentación de El guacamayo rojo el 28 de marzo de 2014. Alejandro es profesor de literatura de la Universidad de Indiana. Agradezco este análisis tan concienzudo de la novela y espero aprender mucho de ella para seguir el camino propuesto.

ALEJANDRO MEJIAS

28 marzo 2014.  Restaurante La Raza.

Alejandro Mejías-López.

Associate Professor
Dept. of Spanish and Portuguese
Indiana University

No sé si fue casual o planeado, pero tanto el tiempo como el espacio en que nos encontramos son, sin lugar a dudas, fecha y lugar idóneos para la presentación de El guacamayo rojo.  Nos encontramos en el Restaurante la Raza, emplazado en lo que fuera la entrada principal a la Exposición Iberoamericana del 29 y que toma su nombre del monumento a pocos metros de aquí erigido al Día de la Raza, hoy conocido, en España, como día de la Hispanidad.  Este día que hoy huele a rancio, fue creado por motivos políticos para celebrar la comunidad iberoamericana en 1914, hace exactamente un siglo.  Restaurante y monumento están situados en la Avenida de Isabel la Católica, motor financiero y político del primer viaje transatlántico de trascendencia, y esta avenida desemboca al final del parque nada menos que en la calle Brasil, situada en el Barrio del Porvenir, o sea, del futuro.  Estamos rodeados, así, de elementos (América, los viajes transatlánticos, el deseo de forjarse un porvenir) que son, en mi opinión, temas centrales de El guacamayo rojo; además, al igual que calles y monumentos, la novela nos quiere hacer recordar, pensar sobre la memoria y el olvido, sobre la soberbia de un presente que siempre se imagina único, pero que reactualiza un pasado que a menudo ignora.  El guacamayo rojo es, pues, para mí una novela sobre la necesidad de recordar, sobre la construcción de genealogías, no sólo familiares sino también históricas y literarias.

Su anterior y primera novela, Aquel viernes de julio, terminaba donde El guacamayo rojo comienza: en una embarcación.  Mientras aquella concluía con personajes empezando un viaje cuyo destino final era América, El guacamayo rojo comienza con otros personajes, los Ortega, desembarcando en un puerto americano.  Ambos momentos encarnan y reproducen un sin fin de momentos anteriores, de viajes repetidos durante siglos, de huidas, de ambición, de esperanzas y promesas de futuro, de nuevos comienzos.  El guacamayo rojo se construye, pues, sobre genealogías históricas y literarias que conectan en la distancia de los siglos a los Ortega y a Luis Guzmán con los cronistas de Indias quienes se embarcaban hacia un mundo desconocido pero lleno de promesas de mejora, un mundo asombroso y difícil de explicar después a quienes se quedaban en casa; o a personajes literarios como el pícaro Buscón don Pablos de Quevedo, cuyo paso a las Américas no lo hizo mejor sino peor, con el Alberto Rosales de esta novela, nuevo pícaro español trasplantado a la América del siglo XXI.

La sorpresa ante lo nuevo, lo nunca visto ni imaginado, las aves de colores como el guacamayo rojo del título que los asombrados hijos de Bernardo y Dolores descubren no más desembarcar, sorpresa repetida por el propio Bernardo al admirar las casas multicolores del Brasil que lo recibe. Asombro repetido un siglo después por Luis ante la inmensidad de Sao Paulo. Junto al masivo Hospital das Clínicas de esa ciudad, dice Luis, “el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla era un modesto ambulatorio” (356) repitiendo así la hipérbole fundacional americana del cronista que al llegar a la capital del imperio Azteca explicaba que había “una plaza tan grande como la ciudad de Salamanca entera” (Cortes, 2a carta).  La capacidad americana de sorprender no se limita a los que allá viajan sino también a los que la imaginan desde acá; está así encarnada en la brasileña tía Gloria, quien en su breve visita a Sevilla enciende y cautiva por completo la imaginación del padre de Luis, como por los mismos años cautivaba la imaginación de lectores y escritores españoles la novela hispanoamericana.

En mi opinión, El guacamayo rojo no es una novela sobre el drama o la tragedia de la emigración. Hay dificultades, más para los Ortega que para Luis, pero no hay tragedia en la vida de estos personajes.  Todos ellos, salvo uno, emigran porque quieren no porque deben, porque son seducidos por un sueño americano que, aunque le pese a Hollywood, corresponde cabalmente a todo el continente.

Es una novela, pues, sobre la promesa de América, promesa que se cumple a pesar de que tanto los Ortega como Luis Guzmán llegan con humos, con la suficiencia del que juzga antes de conocer, con la mirada del europeo.  Y es que la maravilla ante lo americano viene frecuentemente acompañada, como muy bien sabe captar la novela de Machuca, de una notable incomprensión ante lo que se ve y se vive, incomprensión que a menudo degenera en juicios de superioridad y la idealización del lugar de origen del que irónicamente se viene huyendo.  Luis Guzmán es el epítome de esta relación siempre paradójica del español con América.  Sevillano mimado y sobreprotegido, dependiente de sus padres para todo a pesar de ser ya arquitecto, se embarca en pos de un sueño americano que lo salva de sí mismo y lo redime.

Emigrante privilegiado, Luis se erige progresivamente en la voz dominante del texto.  Cederle la voz narrativa es, en mi opinión, uno de los grandes aciertos de esta novela.  Es a través de Luis que conocemos a la familia al otro lado del atlántico pero también a través de él que tan sólo podemos intuir lo que no vemos, lo que su narración no nos deja ver, no tanto porque no quiera, sino porque él mismo no lo ve o no lo puede ver desde su horizonte; la historia, pues, también tiene sus silencios y los grandes silencios que acechan a la familia se vuelven con Luis los silencios de la novela. En busca de trabajo, Luis viaja a Brasil empujado por una genealogía familiar que no obstante desconoce.  La casualidad, más que su propio interés por descubrirla, termina obligándolo a enfrentarla, a ir descubriendo y conociendo el pasado de su familia en el presente de Sao Paulo, a ir saliendo de su ensimismamiento y descubrirse parte de una larga historia familiar a través de la que también irá vislumbrando otra historia más amplia, en palabras de Luis mismo, de “gente de todo lugar que un día soñó con cambiar su vida” (350).  El viaje de Luis es pues un viaje en el espacio y en el tiempo.  Sevilla (y España entera) está llena de recordatorios de su compleja relación histórica con América por donde quiera que miremos; pero, como Luis al inicio de la novela, está demasiado malacostumbrada a mirarse el ombligo y a ignorar o fingir ignorar esa historia, como Luis con su propia historia familiar, más allá de vacuas celebraciones y centenarios de dudoso gusto.  El guacamayo rojo nos empuja a recordar, a hacer memoria histórica, como ya hiciera Aquel viernes de julio. En ambas, Manolo Machuca nos anima a embarcarnos en un viaje histórico que determina nuestro presente y, como el barrio donde casi estamos, nuestro porvenir.

28 de marzo de 2014.

MORÓN DE LA FRONTERA

MORÓNI

Aquí os dejo mi intervención en Morón de la Frontera, en vísperas del Día del Libro:

 Quisiera agradecer las palabras de mi buena amiga y colega Mila Guerrero, a la que admiro como escritora desde que la conocí hace ya unos pocos de años. Y también, cómo no, a la Biblioteca Central de Morón, en la persona de Juan Diego Mata, por hacer posible este encuentro y por la labor que hace en la promoción y difusión de la cultura.

Es para mí un desafío especial estar aquí hoy, no para presentar una novela, sino dos. Quien me conoce sabe que a mí los retos me estimulan, aunque eso no quiere decir que necesariamente lo haga bien, así que vamos a ello.

Aquel viernes de julio y El guacamayo rojo han sido mis dos primeras novelas. En realidad, esta última fue la primera, pero la tuve que dejar aparcada, ya que no encontraba la forma de contar la historia que quería contar. Por fin pude hacerlo cuando Aquel viernes de julio me dio la experiencia necesaria como para escribir una novela como El guacamayo rojo, que tiene una estructura bastante más compleja y en la que era muy fácil perderse, tanto de la trama, como de lo que quería en realidad contar.

Cuando comencé a escribir Aquel viernes de julio lo primero que pensé fue algo como lo que ha contado Mila:

― Una novela sobre la Guerra Civil, ya tengo un 50% de lectores que no me van a leer.

Pero no me detuve ahí y fui algo más allá en mi pesimismo (y quienes me conocen saben que yo soy el polo opuesto a eso):

― Una novela sobre Sevilla. ¿A quién le va a interesar una historia así fuera de Sevilla?

Así que me encontraba con una idea de novela que solo le podía llamar la atención al 50% de los lectores de una ciudad de España, país poco lector además y ciudad que lo es aún menos. Un autor desconocido iba a escribir una novela sobre un tema que producía alergia en una ciudad en la que hay poca gente que lee. ¡Manda huevos!, que diría Federico Trillo.

Sin embargo, Aquel viernes de julio ha sido una novela de éxito. Al menos de más éxito del que mis editores y yo hubiésemos imaginado y estoy convencido de que tiene todavía mucho recorrido. Y además, ha gustado entre gente que no es de Sevilla, que jamás pisó Sevilla y que no tiene ni idea de cuándo, ni  por qué sucedió la Guerra Civil española, que no es capaz de responder, como nosotros, a tantas preguntas que nos podemos hacer sobre aquella contienda. ¿Por qué ha sido así? Me gustaría analizarlo con ustedes.

MORÖNIIEl guacamayo rojo, a diferencia de Aquel viernes de julio, todavía tiene poco recorrido. Aún no ha hecho un mes desde que se presentó en sociedad, pero su acogida está siendo excelente. No ha crecido como su hermana mayor, que sigue creciendo y creo que es buen síntoma. A pesar de eso, ya hay lectores que me han dicho que se la han leído dos veces, que nada más terminarla han comenzado de nuevo a leerla.

La historia que muestra El guacamayo rojo carecía de las aristas de Aquel viernes de julio. Una historia de emigrantes andaluces en Brasil a lo largo de los últimos cien años, desde 1904 hasta 2011, no es algo que eche para atrás. Es más, es muy actual, y en uno de sus protagonistas, Luis Guzmán, muchas personas se pueden ver reflejadas. Quién no tiene ahora un conocido, un familiar, con carrera universitaria, bien preparado, y que se haya visto obligado a salir de España en medio de este esperpento que supone el fracaso educativo de la España democrática. Pero su lectura puede ser complicada para algunos al principio, al alternarse historias que luego se mezclan, con muchos personajes y momentos diferentes. ¿Qué es lo que hace a una novela tener éxito?

En mi opinión, el camino hacia el éxito de una novela radica en varios aspectos. Uno de ellos tiene que ver con la capacidad del lector de empatizar con la historia, con sus personajes, con la historia que cuenta el autor, que muchas veces no es consciente de lo que en realidad cuántas historias está contando.

Aquel viernes de julio no es una novela sobre la Guerra Civil. No emite juicio alguno sobre ella, no es el motor de la novela La Guerra Civil es la superficie sobre la que se apoya, el marco en el que sucede la acción, aunque nunca huya de los hechos que sucedieron.

Muchas personas han hablado sobre Aquel viernes de julio como una novela de la Guerra Civil y no estoy de acuerdo. Aquel viernes de julio sucede en la Guerra Civil, pero es ante todo una reflexión sobre la amistad y sobre la veracidad de los sentimientos. Aquel viernes de julio es una historia de amigos que dejan de serlo porque las circunstancias que en otro momento eran favorables para esa amistad cambian. ¿Por qué somos amigos? ¿Qué es la amistad? ¿Ser amigos es compartir muro en Facebook? ¿Qué es el amor? ¿Hasta dónde llega el amor y hasta dónde el capricho, el encoñamiento como decimos de una forma más vulgar en Andalucía? ¿Se puede dar la vida por amor? Sí, quien sea capaz. ¿Y por encoñamiento? O, ¿se puede dar la vida de otros por ello? Confieso que he aprendido muchísimo de Aquel viernes de julio en el año y medio que lleva en las librerías, y gracias a los lectores. Por eso aprecio tanto el RINCÓN DE LOS LECTORES que tiene cada página web de las dos novelas. Es un espacio para aprender más sobre ellas gracias a la experiencia de cada lector que se asoma por allí.

Aquel viernes de julio cuenta problemas universales que tratan de resolver personas imperfectas como somos cualquier ser humano, cualquiera de los que nos sentamos aquí, que somos capaces de lo mejor, pero también de lo peor en determinadas circunstancias, y que vamos resolviendo las cosas a salto de mata, tal y como van apareciendo en nuestras vidas, improvisando la mayoría de las veces, actuando de la forma que se nos ocurre sobre la marcha. Aquel viernes de julio no es una historia de amor entre un señorito de Sevilla y una gitana prostituta y pobre. Aquel viernes de julio es una historia humana, y como humana puede ser cruel, injusta, desmedida, pero también valiente, leal y noble. Aquel viernes de julio es una novela que no acaba con su lectura, sino que bien puede empezar cuando se cierra.

Y El guacamayo rojo tampoco es una historia de emigrantes, de gente pobre o herida que se ve expulsada de su tierra por las injusticias que la clase dominante comete contra los ciudadanos, una clase social que es además cada vez más “valiente”, puesto que ya osa cebarse, no solo con los obreros y trabajadores peor formados, sino que hasta se ha atrevido con los universitarios de más nivel.

Sí, es una historia sobre emigrantes, pero no solo eso. El guacamayo rojo es una reflexión sobre cómo alcanzar los sueños. Esos sueños que todos tenemos o hemos tenido, que hemos alimentado junto a otras personas o en la intimidad, que muchas veces buscamos fuera pero que radican en nuestro interior.

El guacamayo rojo es también un modesto homenaje a la literatura, en el que juego con citas tácitas y ocultas de escritores que me gustan y que la trama me ha permitido incluir. Pero sobre todo es un libro de viajes, del viaje más aventurero que una persona puede realizar, que no se dirige a otro lugar que al pozo en el que radica la verdad, como dice el escritor brasileño Jorge Amado. Nuestra verdad, que hubiera dicho mi abuelo Gabriel.

El guacamayo rojo es también una reflexión sobre la influencia que muchas personas han ejercido sobre lo que somos hoy. Esas que con frecuencia son familiares cercanos, pero que también son otras que aparecen en momentos especiales como un rayo luminoso.

El guacamayo rojo interpela al lector sobre quiénes son esas personas para él o ella, sobre dónde están sus sueños y qué estás haciendo para conseguirlos.

En definitiva, y quiero terminar aquí, Aquel viernes de julio y El guacamayo rojo hablan de seres humanos a los que podemos reconocer y en los que podemos reconocernos. Por eso una historia sobre la Guerra Civil en Sevilla, o el periplo de generaciones de emigrantes andaluces en Brasil nos pueden decir tanto y nos pueden ayudar como lectores a hacernos más humanos. Al fin y al cabo eso y no otra cosa es la cultura.