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PRESENTACIÓN DE SANTIAGO MACHUCA EN ESTEPA

ESTEPA

Os dejo en esta entrada lo que dijo Santiago Machuca en Estepa, en un acto muy entrañable que disfruté de manera muy especial. Porque hay momentos mágicos en la vida que por sí sola la justifican, o al menos,  hacen que tenga sentido atravesar su camino. Gracias, Santiago.

Buenas tardes:

Muchas gracias por acompañarnos en este acto de presentación de la novela “El Guacamayo rojo”. Para mí es una alegría estar aquí, rodeado de amigos, y poder recomendar una novela que me ha gustado mucho. Dice Jorge Luis Borges que “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”.

Se cuentan dos historias paralelas: Por una parte, la inmigración de una familia de Almería a Brasil, situada cronológicamente a principios del siglo veinte, 1904, y por otra parte la inmigración de un joven arquitecto que no encuentra trabajo en España, a Sao Paulo, fechada en nuestros días.

Se cuentan las dos historias de manera paralela, intercalándose los distintos capítulos. Para el proceso migratorio de principios de siglo, el autor utiliza la tercera persona. El estilo es muy pulcro, detallado, recuerda a las grandes novelas de aventuras de principios de siglo. Las penalidades del viaje en barco, la llegada a un nuevo mundo fascinante, las descripciones de la injusta sociedad rural, anclada todavía en la esclavitud. A mí me recuerda a novelas de Pio Baroja como “Las inquietudes de Santi Andía”, o Silvester Paradox, o las novelas de denuncia social de Zola y los escritores naturalistas.

La otra historia, la del joven arquitecto, se cuenta en primera persona, en lenguaje mucho más coloquial y directo, con gran profusión de diálogos muy bien construidos, dando credibilidad a los personajes. También se enfrenta el personaje con una sociedad injusta, con la riqueza desigualmente distribuida. El contrapunto con el que está contada cada una de las historias, los diferentes estilos narrativos, están muy bien conseguidos.

Las dos historias citadas, los dos viajes, los dos procesos migratorios, convergen y se unen, construyendo una novela de saga familiar, verdaderamente apasionante. Se caracteriza a cada generación conforme a la época que le toca vivir. En esta confluencia hay dos episodios que particularmente me gustan mucho y que encuentro muy acertados: uno es la visita al cementerio, que sirve de excusa para la reflexión y para trazar el árbol de las distintas generaciones enterradas allí, y por otra parte la visita al museo de la inmigración, que tiene el mismo sentido: reflexionar sobre el paso del tiempo, mirar al pasado desde el presente.

Son también importantes los escenarios en los que transcurre la novela. De una parte, el viaje en mar, el medio rural, el campo de Brasil de principios de siglo, las grandes plantaciones, la vida en una hacienda rural, con estructura social muy cerrada. Por otra parte, la gran metrópolis que ha crecido desmesuradamente, caótica, imponente, llena de coches y carreteras. Hay también en la novela esa reflexión sobre la deshumanización de las grandes ciudades, la sostenibilidad, la necesidad de un urbanismo que permita vertebrar una sociedad más justa, más habitable. La comunicación con Europa, las referencias comparativas, son también constantes.

La novela es amable, vitalista. Los personajes, que pasan por la difícil experiencia del exilio, la inmigración, acaban adaptándose a su nueva realidad. Las dificultades acaban superándose, la conclusión es optimista. Se puede empezar de nuevo, solo hacen falta ganas de vivir. Las relaciones entre personajes de distinta edad, de distinta generación, están llenas de humanidad.

Lo interesante de una novela es que te permita abrir ventanas a campos desconocidos. Yo no conocía nada de la literatura brasileña, a mí me ha descubierto a José Mauro de Vasconcelos- qué bonita la novela “Mi planta de naranja lima”, a Clarice Linspector, a Jorge Amado, Zelia Gattai…

Dedicarse a lo que uno verdaderamente le gusta es un acto de valentía, de libertad. Hace unos años, deslumbrados sin duda por “el amor en los tiempos del cólera”, el primo Antonio y mi amigo Antonio Nieto decidieron hacer un viaje a Cartagena de Indias. Antes de salir, Jesús Páez, que ya conocía Cartagena, les advirtió: De toda la ciudad, no vayáis a la calle de la Media Luna, es muy peligrosa. Está llena de los peores tugurios-. Cuando llegaron a Cartagena de Indias, en la primera cena, le dijo el primo Antonio a Antonio Nieto: ¿Qué, nos vamos ya para la calle de la media Luna? Eso es lo que ha hecho Manolo, entrar en los terrenos desconocidos de la creación, donde no existe la certidumbre, todo son dudas y caminos por descubrir. Pero ese es el sentido de la verdadera libertad. El proceso de la creación es muchas veces ingrato, duro, son muchas las horas de trabajo, y es mucho lo que se expone.. Las cartas de Vincent Van Gogh a su hermano Teo, las de Flauvert a Louise Colet, las de Stefan Zweig a Herman Hesse… ponen de manifiesto las dudas, los temores, las debilidades del creador. Como lector quiero agradecerte tu trabajo, he disfrutado del resultado de tu creación, por eso recomiendo a todos la lectura de tu novela.

Leer tus novelas me ha permitido conocerte mejor, tratarte más. Yo tenía el recuerdo lejano de aquellos primos que venían a Estepa muy de vez en cuando, los primos de los que la tía Asunción hablaba constantemente. Tengo también el testimonio de las cosas que en la familia cuentan de tu padre. Según mi padre, y según el tío Antonio, el tío Manolo era el más simpático de toda la familia, el más gracioso y ocurrente. Además, dicen que jugaba estupendamente al futbol. Tenemos en común a nuestros abuelos Rafael y Antonio, dos hermanos que trabajaban juntos en la Imprenta Hermoso y se llevaban muy bien. Hemos descubierto que, además de la imprenta, nos une nuestra pasión por la literatura.

Termino ya. A muchos lectores les gusta saber si un libro está basado en hechos reales o no, como si el tratarse de hechos históricos ciertos le diese un plus a la narración literaria. Termino por ello con una cita de Ángel González:

“Al lector se le llenaron los ojos de lágrimas,

y una voz cariñosa le susurró al oído:

¿por qué lloras, si todo

en ese libro es de mentira?

Y él respondió:

– Lo sé;

pero lo que yo siento es de verdad”

Ángel González

Santiago Machuca