Sobre el autor

Manuel Machuca González

 

Nací en Sevilla el 4 de mayo de 1963. Soy hijo de farmacéuticos y aunque me resistí a estudiar esta carrera, y luego a terminarla, finalmente la culminé y me doctoré también en la misma Universidad de Sevilla en la que cursé mis estudios.

He sido una persona muy inquieta y abierta a experimentar con pasión nuevas rutas y caminos.

Uno de los aspectos que más marcó de mi vida, además de una muy difícil vida familiar, fue el deporte. Hice remo y fui muy mal deportista, pero las casualidades y un buen amigo que tuve y tengo en el que era entrenador, me abrió a la experiencia de hacerme preparador.

Del remo aprendí muchísimas cosas para la vida, como la disciplina, el que no haya días para trabajar y días para descansar sino objetivos por los que luchar. El remo es un deporte muy duro para entrenar y aún más para competir. No hay ligas, solo un objetivo final. Y si ese día la cagas, tienes que esperar un año para resarcirte. Eso imprime carácter. Ese carácter lo he visto en muchos de esos antiguos remeros, y creo que algo también en mí mismo, aunque a veces lo disimule.

Dejé el remo en lo más alto, con decenas de medallistas en Campeonatos de España, un subcampeón del mundo y la invitación a colaborar con la selección española sub- 21 cuando solo tenía 24 años, era 1987, con el objetivo de ir haciendo equipo para las Olimpiadas de Barcelona. En ese momento decidí que lo dejaba. Sabía que si seguía por ahí nunca sería farmacéutico. Llevaba ocho años estudiando y aún  iba por la mitad, y no iba a poder vivir como yo deseaba hacerlo. Días después de comunicárselo a mis colaboradores, por aquel entonces llevaba dos años de máximo responsable de entrenadores en el Real Círculo de Labradores, murió mi padre. Debo reconocer que su fallecimiento, después de muchos años de enfermedad, me facilitó mucho la salida sin dar un exceso de explicaciones. Pero la verdad es que la decisión estaba ya tomada. Y aunque mis recuerdos son maravillosos de aquella época y de las personas que conocí y ahora trato de nuevo gracias a la práctica del remo por mis hijos, nunca me arrepentí.

La segunda mitad de la carrera la hice en dos cursos y comencé a trabajar como farmacéutico. Me fui interesando por las facetas más asistenciales de la profesión, pero hubo otro momento clave en mi vida, que fue cuando en 1994 decido ir como cooperante a la frontera de Ruanda con Zaire (actual República Democrática del Congo) y convenzo a Carmen de que se venga conmigo. Fueron dos meses de trabajo en los campos de refugiados de la ciudad de Goma, una experiencia personal y profesional inolvidable y que explica también mi sensibilidad hacia los procesos de cooperación y desarrollo y que luego viera, con el paso del tiempo, que había ayudas muy importantes para los países que nunca se quedarían en aduana alguna: la del conocimiento. Y me empeñé en transmitir la Atención Farmacéutica por todo el continente latinoamericano.

Creí en que la profesión necesitaba un cambio y lo encontré en el mundo de la Atención Farmacéutica. Sobre esta disciplina volqué la energía que había aprendido a desarrollar en la época del remo y me dediqué con ahínco a ella hasta que se ha cruzado la literatura en mi camino.

Abajo sigue gran parte de lo producido y lo realizado en este ámbito, en el que siento el orgullo de haber conocido y trabajado con los mejores especialistas del mundo. Pero como en la época del remo, uno siente cuando ha llegado al límite y debe reconocerlo. Otros tendrán que tirar de este carro a partir de ahora y enfrentarse a las dificultades que esta disciplina tiene para implantarse.

Gracias a mi profesión, que me siento, como con el remo, tan orgulloso de haber ejercido, conocí un continente maravilloso como América y también me enamoré de Portugal, en especial, debo reconocerlo, de Lisboa.

América ha sido muy importante en mi vida y sueño por que lo siga siendo. Si algo me duele en este momento es pensar que no vuelva a pasear por las calles de tantas ciudades, por ver a tantos amigos, por disfrutar de tantos grandes momentos. Ojalá no sea ese el precio que tenga que pagar por cambiar de profesión a los cincuenta. No es que pretenda hacer de la literatura mi profesión (tampoco lo ha sido mi actividad asistencial, desgraciadamente), pero creo que a ella le voy a dedicar mi energía a partir de ahora. Y quienes me conocen saben que desprendo mucha, mucha.

Aquí dejo mi curriculum, para quien no me conozca. Aunque para conocerme, mejor nos tomamos una cerveza. O dos. Y por cierto, suelo hacerlo con Carmen, mi compañera y madre de mis tres hijos. Mi verdadero curriculum, porque si tengo mérito alguno es haber conseguido que Carmen me aguante y me quiera.

CURRICULUM VITAE