Sobre el libro

El guacamayo rojo cuenta la historia de tres generaciones de emigrantes andaluces en Brasil, desde 1904 hasta 2011. La novela se desarrolla en la ciudad de São Paulo y se narra en dos épicas diferentes a capítulos alternos, utilizando un narrador omnisciente para los capítulos impares y otro en primera persona en los pares. A lo largo del texto se conjuga el pasado, el presente y el futuro, como metáfora de que los tiempos y las situaciones que vivimos se repiten, a pesar de que los adelantos tecnológicos nos hagan creer lo contrario y disfracen de progreso situaciones en las que la única diferencia es la tecnología.

El guacamayo rojo trata sobre emigrantes que se han visto obligados a salir de su patria para buscar un mejor futuro fuera de ella. Un futuro que su propio país les negaba.

A principios del siglo XX, las plagas en la agricultura, el incumplimiento de las promesas de ayudas estatales y las guerras en África, motivaron que muchos agricultores de Andalucía Oriental especialmente, emigrasen a Cuba o Brasil a cultivar la caña de azúcar. Cientos de campesinos sin futuro, temerosos además  de que a sus hijos los reclutasen para luchas absurdas provocadas por altos mandos del ejército, que las utilizaban como vía de ascenso para  de este forma ver aumentar sus salarios. El norte de África fue la tumba de muchos jóvenes españoles como en la actualidad lo está siendo de miles de africanos que tratan de huir de la pobreza y la injusticia del continente, de las que no solo son culpables los propios gobernantes de sus países, sino también los estados del primer mundo que esquilman sus recursos naturales.

A principios del siglo XXI España también expulsa a muchos de sus hijos. Si antes eran obreros, trabajadores rurales, gente humilde, hoy son licenciados universitarios, formados en Universidades públicas, financiadas con los impuestos de sus ciudadanos para que su trabajo mejorase su país, y que sin embargo han tenido que ir a entregar a otros lugares lo mejor de ellos mismos. La historia se repite, con el mismo dolor.

El guacamayo rojo pretende ser un pequeño homenaje a los que tienen que marcharse, a los que se sacrifican para que otros sigan donde están, sin mover un dedo para cambiar la situación de una país que les llena la boca de palabras grandilocuentes, pero que sus hechos las dejan en mera retórica patriotera. En nada.

A los andaluces que tuvieron que dejar de serlo.